¿Alma Libre?

A lo largo de una buena parte de nuestra existencia necesitamos ser validados por la sociedad. Primero por nuestros padres, después por nuestros iguales y, más tarde, por nuestros entornos laborales. Mostrarnos tal y como somos, hablar con el corazón y con sinceridad no se consigue de un día para otro.

Muchos piensan que una persona de alma libre tiene que ver con un estilo de vida desenfrenado o de personas que actúan sin pensar en las consecuencias de sus acciones. Aqui rompere con dicha creencia limitante, continua leyendo.

El alma libre, al contrario de lo que muchos puedan pensar, no supone evadir las responsabilidades ni aspirar a una forma de libertad despreocupada donde los deseos vienen y van de forma errática. En absoluto. Ser una mujer alma libre consiste en sentirse capaz de lograr lo que te propones, de ser feliz, de vivir con tranquilidad y de sentir satisfacción con tu vida.

Ser un alma libre, más allá de su vertiente más espiritual, responde a un tipo de personalidad que ha alcanzado un adecuado nivel de madurez y de competencias psicológicas basadas en la autonomía y la seguridad. No es nada fácil alcanzar esta cima de nuestro crecimiento personal.

Se trata de una dimensión que, en realidad, entraría muy bien en esa cúspide de la pirámide de necesidades que Abraham Maslow

Ser un alma libre no significa ser, sentir y actuar desvinculándose de lazos, responsabilidades o indicios de relación que permita echar raíces.

Hablamos de una serie de características, actitudes y formas de interaccionar con la realidad que nos hace, sin duda, más aptos y seguros ante la vida y sus adversidades. Ahí donde no caben los apegos insalubres o las dependencias asfixiantes.

Eliges, piensas y actúas sin necesidad de tener la aprobación de nadie, llegar a ese punto en nuestro recorrido personal donde no se necesitamos aprobaciones ajenas es, sin duda, un gran paso.

Vives sin miedo: confías en ti

Los expertos en crecimiento personal y en psicología motivacional saben que el miedo es el gran vetador de oportunidades. Así lo afirma un estudio de la Universidad Del Valle (Colombia) asegurando que el miedo genera ansiedad, por lo que hay que enfrentarlo y superarlo

Cuando dejamos ir los velos de las preocupaciones y dejamos de anteponer fatalidades avanzamos con pies más seguros.

Eres una de esas personas que ya no pone filtros en su lengua porque antes ha hecho un adecuado proceso mental para saber que la verdad siempre debe ir por delante.

Te define la sinceridad, pero también el descaro que arranca sonrisas y establece complicidades.

Eres espontáneo porque ya no te importa el qué dirán, ni aún menos el qué pensarán.

Las personalidades auténticas son almas libres porque su ser interno ya no vive con censuras.

Han tomado contacto con sus esencias y valores para demostrar al mundo cómo entienden la vida: desde la pasión.

El alma libre sabe por qué luchar: por aquello que ama, por lo que le identifica y hace feliz. El resto carece de importancia.

El alma libre no habla el lenguaje de los apegos

El apego, entendido desde el punto de vista afectivo, es el gran enemigo del crecimiento personal.

Caer en una relación marcada por la adicción afectiva veta nuestra integridad, libertad y autoexpresión.

La persona que se define por ser una alma libre sabe amar sin depender.

Ofrece lo mejor de sí mismo a los demás sintiéndose completa y sin ver el amor como una droga en la que caer prisioneros.

El alma libre sabe apreciar las pequeñas cosas de la vida. Ser libre supone no estar aferrado a lo que veta nuestro crecimiento y pone rejas a nuestro modo de sentir y vivir.

Esta pasión por la libertad se consigue sabiendo priorizar, entendiendo que las cosas más importantes de la vida no son cosas, son sensaciones.

A su vez, esas sensaciones vienen dadas por las experiencias más sencillas y cotidianas: una charla, un paseo por la playa, una cita, un viaje, caminar descalzo, abrazar a nuestra mascota, salir a correr sin tener ni una sola preocupación en la mente…

Las personas ocupadas y pre-ocupadas no son capaces de apreciar ese tipo de detalles cotidianos que las mentes más libres sí identifican, promueven y valoran.

La propia vida te inspira y, con tu actitud, inspiras a los demás, es posible que, en más de una ocasión, te pregunten cómo lo haces. “Siempre estás feliz, tienes tiempo para todo, haces mil cosas y siempre me haces reír… ¿Cómo lo consigues?”

En realidad, no sabes muy bien cómo responder. Tu filosofía de vida se ha construido con el tiempo.

A veces, el alma libre surge después de ser un alma cautiva, y eso es un hecho que nunca pasas por alto. Ser libre es una actitud que necesita firmeza y perseverancia, sabiendo que, a veces, es necesario dejar ciertas cosas atrás.

Y ¿Tu eres alma libre?