Somos el resultado de nuestras emociones

Las emociones forman parte esencial de nuestra vida y nos transmiten información fundamental para comprender quiénes somos, cómo actuamos y cómo percibimos nuestro entorno. Las emociones forman parte constitutiva de nuestra forma de aprender y de desenvolvernos, nos ayudan a tomar decisiones y a construir el futuro.

¿Cómo alimentarse orgánicamente?

Si la agricultura orgánica tuviera lugar en la ciudad, cada vez más personas podrían apreciar sus beneficios, tanto en términos de calidad de los productos como en la protección del medio ambiente.

Nadie esta exento de los riegos que existen por consumir cierto tipo de alimentos, y de los efectos que puede tener en el organismo una mala alimentación. Los alimentos orgánicos nos ofrecen la seguridad de estar consumiendo productos naturales, y sin la utilización de agentes químicos tóxicos en ningún momento de su producción.

¿Qué características debe tener un alimento para ser orgánico?

Si son alimentos de origen vegetal: las plantas no son rociadas con pesticidas y herbicidas tóxicos (químicos sintéticos), solamente está permitido utilizar productos de origen natural para combatir las pestes y las malas hierbas. Lo más importante es que las semillas no son organismos genéticamente modificados. La agricultura orgánica cuida los nutrientes de la tierra y opera contrariamente a los monocultivos, sembrando varios cultivos al mismo tiempo, generando un mini ecosistema vivo, que atrae a insectos benéficos para cada tipo de cultivo.

Si son alimentos de origen animal: los animales deben estar libres (fuera de jaulas), tener oportunidad de ver el sol, caminar y ser capaces de realizar sus comportamientos naturales, es decir, que son tratados con compasión hasta el final de su vida. Deben además alimentarse de pastos y/o cereales y semillas orgánicas. Asimismo, no se les suministran hormonas de crecimiento ni antibióticos, generalmente se utiliza homeopatía si es necesario.

Los alimentos orgánicos y su consumo se han convertido en una especie de cultura que con estos cambios en los hábitos de alimentación, logra mejorar en muchos aspectos la salud del consumidor, la salud del productor, y de la biodiversidad de la zona donde el alimento fue producido y cultivado.

Tips para comer orgánico:

1. Designa un presupuesto. Define cuánto quieres gastar en alimentos.

2. Planea un menú semanal. Busca inspiración en blogs, revistas y libros de cocina. Así solamente comprarás los ingredientes necesarios y añadirás variedad de nutrientes a tu dieta.

3. Come de acuerdo a las estaciones. Los productos de temporada, particularmente la fruta y la verdura, son más económicos. Además, tiene sentido estar en ritmo con los ciclos originales de la Naturaleza.

4. Compra granos enteros, condimentos, frutos secos, nueces, semillas y leguminosas a granel. Casi todos los mercados tienen puestos especializados en esta área. En lugar de gastar en todo el paquete podrás adquirir el volumen exacto que requieres.

5. Siembra tus hierbas y hojas verdes. Es realmente sencillo en macetas. Si tienes espacio podrías comenzar tu huerto urbano o tal vez podrías participar en un proyecto de agricultura comunitaria de tu localidad.

6. Compra directamente del productor. Ya sea en tu mercado local, en la feria orgánica o en tiendas independientes que actúan como un puente directo entre el campesino y los consumidores responsables.

7. Cuando se trate de pollo o pescado, adquiere todo el animal y aprovecha mejor sus partes. En cuanto a huevo, carne y lácteos orgánicos se refiere, se puede reducir la cantidad pero incrementar la calidad.

8. Benefíciate de utilizar técnicas inteligentes para preservar mejor tus compras. Utiliza envases de cristal para mantener los alimentos frescos.

9. Aprovecha las rebajas para obtener productos básicos como aceite de olivo o para crear reservas de tus favoritos.

 

Gastronomía saludable y sostenible.

Dicen que somos lo que comemos, y por eso es importante que nuestra dieta sea saludable. Esto no solo ayudará a nuestra salud, sino también a moderar el impacto ambiental que supone la producción de determinados alimentos.

Con el fin de avanzar hacia un modelo de producción y consumo más respetuoso con el medio ambiente surge la idea de la gastronomía sostenible, o el arte de hacer una buena comida sin desperdiciar recursos ni perjudicar a la naturaleza.

Mantener una dieta sana y equilibrada es esencial para nuestra salud. Y es que el 60% de los factores de riesgo que provocan la mayor parte de las enfermedades se producen como consecuencia de una mala alimentación, así lo afirma la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La fruta, la verdura o los frutos secos son algunos alimentos que, además de ser beneficiosos para nuestra salud, tienen un impacto mínimo sobre el planeta. Al contrario que la carne roja o los alimentos ultra-procesados que su producción genera un impacto negativo en el medio ambiente afectando, especialmente, a la contaminación del agua y a la emisión de gases de efecto invernadero.

En este sentido, la gastronomía sostenible se plantea como una actividad que ayuda a impulsar el desarrollo agrícola, la seguridad alimentaria y el consumo responsable.